Cuidado del bebé

Gases en bebés: alivio y técnicas

Gases en bebés: reconoce los signos de malestar, domina técnicas calmantes y estrategias prácticas que alivian el dolor. Consejos basados en evidencia médica.

Revisado por: Equipo editorial de Whispie Investigación de crianza basada en evidencia

Publicado:

Este artículo es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre a tu pediatra sobre tu hijo.

Fuentes: OMS, CDC, AAP y NHS. Las recomendaciones varían según el país — para España, consulta la Asociación Española de Pediatría (AEP).

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Por qué los bebés tienen gases: la fisiología normal

Los gases en recién nacidos y bebés pequeños son prácticamente inevitables, y conviene decirlo con claridad desde el principio: un bebé con gases no es señal de un error en la crianza ni de una rutina de alimentación mal hecha. Es señal de un sistema digestivo que se está desarrollando con normalidad, aunque todavía inmaduro.

Los bebés acumulan gases por dos vías principales. La primera es el aire tragado durante la toma, el llanto y la succión. Los bebés con biberón suelen tragar más aire que los amamantados, aunque un mal agarre, una bajada de leche muy rápida o una tetina de flujo demasiado rápido también pueden aumentarlo. La segunda fuente es la fermentación en el intestino grueso: las bacterias intestinales descomponen la lactosa y otros hidratos de carbono no digeridos, produciendo hidrógeno y dióxido de carbono — el mismo mecanismo por el que los adultos expulsan gases, solo que el intestino del bebé mueve el gas con menos eficacia.

La microbiota intestinal se sigue estableciendo durante los primeros tres a seis meses de vida, con patrones distintos entre bebés amamantados y con fórmula, nacidos por parto vaginal o cesárea. Esta es una de las razones por las que las molestias por gases suelen mejorar de forma natural hacia los tres o cuatro meses, cuando la motilidad intestinal y la flora se vuelven más maduras.

Reconocer los patrones normales ayuda a reaccionar con proporción y no con ansiedad. La mayoría de los recién nacidos expulsan gases entre 13 y 21 veces al día, un rango amplio pero normal. Gruñir, hacer fuerza con la cara enrojecida y retorcerse durante o después de las tomas son comportamientos normales en menores de tres meses: reflejan el esfuerzo de mover heces y gases por un colon todavía inmaduro. El término médico es disquecia del lactante: parece angustioso, pero se resuelve sin tratamiento hacia los tres meses.

Cómo reconocer las molestias por gases en tu bebé

Los gases se convierten en un motivo de atención cuando parecen causar un malestar real. Los signos de que tu bebé puede tener dolor por gases incluyen:

Conviene señalar lo que unos gases normales no provocan: sangre o moco en las heces, vómitos en proyectil, rechazo del alimento en varias tomas seguidas, pérdida de peso significativa o fiebre. Estos no son síntomas de gases y requieren valoración pronta por parte del pediatra.

La técnica de la bicicleta

El movimiento de bicicleta con las piernas es una de las técnicas más recomendadas y con más lógica mecánica para desplazar el gas intestinal atrapado. El principio es sencillo: el movimiento alternante de las piernas genera cambios rítmicos de presión abdominal que ayudan a impulsar las burbujas de gas hacia el recto, donde pueden expulsarse.

Cómo hacerlo, paso a paso:

  1. Tumba a tu bebé boca arriba sobre una superficie firme y plana (un cambiador, una manta en el suelo o tu regazo si puedes sujetarlo con firmeza).
  2. Sujeta con suavidad pero con firmeza ambos tobillos, con los pulgares sobre el empeine.
  3. Lleva despacio la rodilla derecha hacia el vientre, mantén un segundo y estira la pierna. Repite con la rodilla izquierda.
  4. Alterna con un movimiento de pedaleo suave y circular, ni demasiado rápido ni brusco: un pedaleo lento, no un esprint.
  5. Continúa 1 a 2 minutos; prolonga la sesión si tu bebé está tranquilo.
  6. Sigue con un masaje suave del vientre en el sentido de las agujas del reloj (ver abajo) para un beneficio extra.

La bicicleta funciona mejor entre 15 y 30 minutos después de una toma, cuando el estómago ya no está lleno. Evítala justo después de comer, ya que la postura y la presión abdominal con el estómago lleno aumentan el riesgo de regurgitación. También puedes hacerla cuando tu bebé está inquieto pero aún no llora con fuerza: la técnica requiere cierta colaboración, y un bebé muy alterado puede no tolerarla.

Masaje de vientre para aliviar los gases

Un masaje abdominal suave resulta calmante y tiene utilidad mecánica: seguir el sentido natural del tránsito intestinal puede ayudar a mover gases y heces hacia la salida. Lo importante es la dirección: masajea siempre en el sentido de las agujas del reloj mirando el vientre desde arriba, siguiendo el trayecto del intestino grueso: sube por la derecha, cruza por arriba y baja por la izquierda. En sentido contrario va en contra del tránsito y puede empeorar la molestia.

La técnica de masaje "ILU": muy utilizada en masaje infantil, traza las letras I, L y U sobre el vientre del bebé con los dedos:

Usa las manos calientes y una presión suave pero firme: un roce demasiado ligero tiende a tensar al bebé en lugar de relajarlo. Un poco de aceite apto para bebés (coco, girasol, o uno de masaje infantil sin fragancia) reduce la fricción. Un estudio publicado en el Journal of Clinical Nursing (Arıkan et al., 2008, 175 lactantes) encontró que el masaje reducía el tiempo diario de llanto frente a no intervenir, aunque de las cuatro intervenciones evaluadas fue la que produjo la mejora más pequeña. El riesgo es bajo y la base fisiológica razonable, aunque el efecto medido sea modesto.

Eructar: posturas, momento y técnica

Ayudar al bebé a eructar permite expulsar el aire tragado antes de que avance hacia el intestino, donde resulta más difícil de mover. Las tres posturas habituales sirven para bebés y situaciones distintas:

Momento: los bebés amamantados suelen necesitar eructar una vez durante la toma y otra al terminar; los de biberón, cada 60–90 ml aproximadamente. Si no sale el eructo tras dos o tres minutos, no pasa nada por seguir adelante: puede que el aire ya haya avanzado, o que no hubiera mucho que expulsar.

Para familias que amamantan: un agarre profundo, que abarque gran parte de la areola y no solo el pezón, minimiza la entrada de aire. Ante una bajada de leche muy rápida, recostarse hacia atrás deja que la gravedad frene el flujo; la matrona puede ayudarte a ajustarlo.

Para familias con biberón: una tetina de flujo demasiado rápido obliga a tragar en lugar de succionar rítmicamente, aumentando el aire ingerido. La alimentación pausada —biberón horizontal, dejando que el bebé tire de la leche, con pausas breves— reduce eficazmente la ingesta de aire y la sobrealimentación.

El tiempo boca abajo y los gases

El tiempo boca abajo cumple una doble función: fortalece el cuello, los hombros y el tronco que el bebé necesitará para girarse, sentarse y gatear, y además ejerce una compresión abdominal suave que puede favorecer el movimiento del gas atrapado.

Las recomendaciones internacionales aconsejan empezar desde el nacimiento, con el objetivo de llegar a al menos 30 minutos diarios acumulados hacia los tres meses; sesiones de 2 a 3 minutos varias veces al día son un buen punto de partida. Practícalo siempre con el bebé despierto, alerta y bajo supervisión, nunca para dormir, y evita hacerlo justo después de una toma abundante.

Si a tu bebé le disgusta claramente el tiempo boca abajo sobre una superficie plana, prueba estas variantes:

Agua de hinojo y remedios con hierbas: qué dice realmente la evidencia

El agua de hinojo, las infusiones de anís o manzanilla y los preparados de tipo "gripe water" están entre los remedios caseros más usados contra los gases del bebé, y la distancia entre su popularidad y la evidencia que los respalda es notable. El "gripe water" no está regulado como medicamento en España —suele venderse importado o como complemento—, así que su composición no pasa por un control uniforme y las formulaciones varían mucho entre marcas. Las actuales suelen llevar agua junto con jengibre, semilla de hinojo, manzanilla, melisa, regaliz o bicarbonato de sodio; las antiguas, hoy casi desaparecidas, llevaban alcohol y azúcar.

Sobre la evidencia: una revisión sistemática de 2017 sobre remedios con plantas en niños (Anheyer et al., Pediatrics) encontró que el hinojo y las mezclas de hierbas reducían el llanto en ensayos sobre cólico del lactante, aunque los estudios de base eran pequeños y metodológicamente débiles. La concentración de hinojo en la mayoría de los productos es demasiado baja para un efecto clínicamente relevante. La colaboración Cochrane concluye que ningún remedio con hierbas cuenta con evidencia de calidad suficiente para recomendarse en el cólico del lactante.

En la práctica: el agua de hinojo o el gripe water son en general seguros cuando no contienen alcohol ni azúcares añadidos. No hay pruebas sólidas de que reduzcan de forma fiable el dolor por gases o el llanto por cólico. Si decides usarlos, elige una marca de confianza, lee bien la lista de ingredientes —en la farmacia pueden ayudarte a interpretarla— y no los conviertas en tu principal estrategia. La sensación de "estar haciendo algo" tiene un valor psicológico real, pero el efecto en sí es probablemente, en buena parte, placebo.

Cólico y gases: entender la diferencia

Cólico y gases se confunden con frecuencia, pero no son lo mismo. Entender la diferencia ayuda a calibrar la respuesta y a tener conversaciones más útiles con el pediatra.

Los gases son un proceso fisiológico: aire y gases de fermentación que se acumulan en el tubo digestivo. Son universales, causan cierto malestar en la mayoría de los bebés durante los primeros meses, y en general se resuelven sin tratamiento específico a medida que madura el aparato digestivo.

El cólico es un patrón clínico. La definición clásica de Wessel, la "regla de tres", describe llanto inconsolable durante más de 3 horas al día, más de 3 días a la semana, durante más de 3 semanas, en un bebé por lo demás sano, menor de 3 meses. Se estima que el cólico afecta a entre el 10 % y el 40 % de los bebés, alcanza su punto máximo entre las 4 y las 6 semanas, y suele resolverse hacia los 3–4 meses independientemente del tratamiento.

La causa del cólico sigue sin comprenderse del todo. Las hipótesis actuales apuntan a varios factores que podrían contribuir:

Un punto importante: el cólico es un diagnóstico de exclusión. Antes de calificar un llanto persistente como cólico, el pediatra debería descartar causas médicas como la intolerancia a la proteína de leche de vaca, el reflujo, una infección urinaria, una abrasión corneal (que puede provocar un llanto intenso y aparentemente inexplicable) y una hernia inguinal.

Otras técnicas: baños tibios, ruido blanco y postura

Más allá de las técnicas principales, otros recursos cuentan con respaldo empírico y una lógica fisiológica razonable:

Una técnica que conviene usar con cautela: tumbar al bebé boca arriba y presionar con firmeza las rodillas contra el vientre se recomienda a veces, pero puede causar malestar si el abdomen está muy distendido. La técnica de la bicicleta consigue un efecto mecánico similar de forma mucho más suave.

Cuándo acudir al pediatra

La mayoría de los gases del bebé forman parte de una etapa normal del desarrollo, no de una urgencia médica. Sin embargo, los siguientes signos justifican una valoración médica pronta y no deben manejarse solo con técnicas de alivio en casa:

Los gases y el cólico agotan tanto a los padres como a los bebés. Si sientes que te desborda, pedir ayuda —a tu pareja, a tu familia o a la matrona— no es un fracaso. Es una respuesta razonable ante una situación realmente difícil. Ninguna intervención resuelve el cólico de la noche a la mañana, pero unas rutinas estables, técnicas basadas en evidencia y una red de apoyo sólida hacen que esta etapa sea más llevadera.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi bebé tiene dolor por gases?

El dolor por gases suele presentarse como piernas encogidas hacia el vientre, un abdomen visiblemente hinchado o firme, arqueo de espalda, expulsión audible de gases y llanto que se intensifica después de las tomas. La clave para distinguirlo de otras causas de llanto es el momento: la irritabilidad por gases suele alcanzar su punto máximo en los primeros tres o cuatro meses, se concentra en la tarde-noche y a menudo mejora al expulsar el gas. Si tu bebé por lo demás come bien, gana peso adecuadamente y tiene deposiciones normales, lo que estás viendo es casi con toda seguridad gas infantil normal.

¿Cómo se hace correctamente la técnica de la bicicleta?

Tumba a tu bebé boca arriba sobre una superficie firme y plana, sujeta con suavidad ambos tobillos y mueve las piernas en un pedaleo circular y suave: rodilla derecha hacia el vientre, luego la izquierda, alternando como una bicicleta lenta. El objetivo es usar el movimiento mecánico de las piernas para desplazar las burbujas de gas por el intestino. Hazlo sobre una superficie firme, no sobre un colchón blando, con movimientos lentos y uniformes en vez de bruscos, durante 1 a 2 minutos. Funciona mejor entre 15 y 20 minutos después de una toma, cuando el estómago ya no está completamente lleno. Detente de inmediato si tu bebé muestra signos de malestar.

¿Cómo debo ayudar a eructar a un recién nacido con gases?

Las tres posturas principales son: sobre el hombro, con el bebé vertical, glúteos sujetos y golpecitos firmes y rítmicos en el centro de la espalda; sentado en tu regazo, con pecho y barbilla sujetos e inclinado ligeramente hacia delante; y boca abajo sobre tus muslos, con la cabeza algo más alta que el pecho. La mayoría de los bebés amamantados necesitan eructar una vez durante la toma y otra al terminar; los de biberón, aproximadamente cada 60–90 ml. Si no sale el eructo tras dos o tres minutos, no pasa nada por seguir adelante: no todas las tomas terminan con un eructo.

¿El agua de hinojo o el "gripe water" realmente funcionan contra los gases del bebé?

La evidencia es débil e inconsistente. El "gripe water" no está regulado como medicamento en España, y su composición varía mucho entre marcas. La mayoría de las formulaciones contienen agua junto con distintas combinaciones de jengibre, hinojo, manzanilla o bicarbonato de sodio. Pequeños estudios sobre algunos preparados con plantas, sobre todo hinojo y mezclas de hierbas, mostraron reducciones modestas del llanto por cólico, pero los estudios suelen ser de baja calidad y los efectos pequeños. Formulaciones antiguas contenían alcohol o azúcar, hoy prácticamente ausentes de los productos modernos. Si decides usarlo, elige una formulación sin alcohol y sin azúcar añadido, y úsalo con moderación: nunca debe sustituir una consulta con el pediatra si tienes dudas.

¿Cuál es la diferencia entre el cólico y los gases?

Los gases son un proceso fisiológico normal: todos los bebés tragan aire y producen gas intestinal cuando las bacterias fermentan la leche. La mayoría de los gases no causan dolor significativo. El cólico, en cambio, es un patrón clínico definido por la "regla de tres" de Wessel: llanto de más de 3 horas al día, más de 3 días a la semana, durante más de 3 semanas, en un bebé por lo demás sano y bien alimentado menor de 3 meses. Se considera que el cólico tiene varias causas posibles: los gases son una de ellas, junto con la inmadurez de la microbiota intestinal, la sensibilidad del sistema nervioso y el estrés de los padres, que puede amplificar el malestar del bebé. Hasta en el 40 % de los bebés con cólico la situación mejora al eliminar la proteína de leche de vaca de la dieta de la madre que amamanta o al cambiar a una fórmula sin leche de vaca.

¿Mi alimentación puede causar gases en mi bebé amamantado?

A veces, pero con menos frecuencia de lo que muchos padres suponen. Los compuestos de los alimentos que causan gases en los adultos se descomponen en gran parte en el aparato digestivo de la madre antes de llegar a la leche materna, así que ese efecto no se transmite directamente. Algunos bebés sí reaccionan a alimentos concretos en la dieta materna, sobre todo la proteína de leche de vaca, seguida de la soja, los huevos, el trigo y, más raramente, verduras crucíferas o legumbres. Si sospechas una relación, elimina un grupo de alimentos a la vez durante dos semanas y observa la reacción. Eliminar en bloque los alimentos "que dan gases" no está respaldado por evidencia y puede reducir tu variedad dietética innecesariamente.

¿Es seguro el tiempo boca abajo para un bebé con gases?

Sí, e incluso puede ayudar. El tiempo boca abajo sobre una superficie firme y plana, siempre con el bebé despierto y supervisado, comprime suavemente el abdomen y puede favorecer el movimiento del gas. Además fortalece el cuello, los hombros y el tronco, esenciales para el desarrollo motor posterior. Se recomienda empezar desde el nacimiento: sesiones de 2 a 3 minutos varias veces al día, hasta llegar a unos 30 minutos diarios hacia los tres meses. Si tu bebé está muy inquieto durante el ejercicio, prueba a colocar una toalla enrollada bajo el pecho para elevar ligeramente el torso, o llévalo en la postura del "balón de rugby" a lo largo de tu antebrazo.

¿Cuándo debería preocuparme por un bebé con muchos gases?

Acude pronto al pediatra si a los síntomas de gases se suman: sangre o moco en las heces; vómitos verdes o amarillos; vómitos en proyectil, que pueden sugerir estenosis pilórica; rechazo del alimento significativo o pérdida de peso; fiebre superior a 38 °C en un bebé menor de 3 meses; un vientre duro y visiblemente distendido que no se ablanda tras una deposición; o llanto inconsolable que no se calma con ningún método y dura más de 3 horas. Estos signos sugieren algo más allá de gases normales y requieren valoración profesional.

¿Funcionan las gotas antigases con simeticona en los bebés?

La simeticona actúa fragmentando las burbujas grandes de gas en otras más pequeñas, más fáciles de expulsar. Se considera segura: no se absorbe en el intestino y actúa sin efecto sistémico. Sin embargo, los ensayos controlados no muestran de forma constante que sea más eficaz que el placebo para reducir el llanto por cólico. Puede aportar un alivio modesto en bebés concretos con gases marcados, y como es segura, la mayoría de los pediatras no ponen objeción a que los padres la prueben. En la farmacia pueden orientarte sobre el producto adecuado; sigue siempre las indicaciones de dosis del envase.

¿A qué edad suelen mejorar los gases del bebé?

En la mayoría de los bebés, la irritabilidad por gases alcanza su punto máximo entre las 4 y las 6 semanas de vida y después mejora poco a poco. La microbiota intestinal madura de forma notable durante los primeros tres meses, a medida que se asientan los patrones de alimentación. La mayoría de las molestias por gases se resuelven en buena medida hacia los 3–4 meses. El cólico, cuando aparece, suele seguir el mismo calendario: la "regla de tres" suele resolverse hacia los 3–4 meses independientemente del tratamiento. Si los gases o la irritabilidad importantes persisten más allá de los 4–5 meses, coméntalo con el pediatra para descartar intolerancia a la proteína de leche de vaca, reflujo u otra causa.

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